Primero no había nada, solo agua. De la nada, vomitado desde un cielo negro e indiferente, cayo un sol como niño caprichoso y furioso. Sin saludar, sino que exigente y violento, le grito al agua que le contara un cuento. El agua lo miro apacible, pues como todos saben, el agua no sabe hablar. De repente el sol se encontró solo y rabio, rabio contra la oscuridad. Su furia se sintió recorrer el agua, primero en cosquillas que la hacían reír, pero luego se intensifico en pellizcos y uñas que se hundían en lo mas profundo de su ser y le arrancaban pedazos de si que volaban por los aires. El agua, en su desesperación por seguir junta se busco en el aire, se abrazo a si misma en un intento desesperado por no perder su identidad. Entonces fueron tres. Entonces nubes.
Un maravilloso espacio para mambolearnos la existencia bajo la conducción de los sudacas más adorables del que dispuso nuestro presupuesto.
martes, 17 de diciembre de 2013
Primero No Había Nada
Primero no había nada, solo agua. De la nada, vomitado desde un cielo negro e indiferente, cayo un sol como niño caprichoso y furioso. Sin saludar, sino que exigente y violento, le grito al agua que le contara un cuento. El agua lo miro apacible, pues como todos saben, el agua no sabe hablar. De repente el sol se encontró solo y rabio, rabio contra la oscuridad. Su furia se sintió recorrer el agua, primero en cosquillas que la hacían reír, pero luego se intensifico en pellizcos y uñas que se hundían en lo mas profundo de su ser y le arrancaban pedazos de si que volaban por los aires. El agua, en su desesperación por seguir junta se busco en el aire, se abrazo a si misma en un intento desesperado por no perder su identidad. Entonces fueron tres. Entonces nubes.
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