Mi mirada fija y tensa, con miedo, observa a quien tengo en frente.
Aquel hombre de dos metros, muy robusto, con una gran espalda y piernas estrechas.
Él sostiene un machete en su mano izquierda, me mira amenazante, sonríe maléficamente, avanza lentamente hacia mí.
Tiene la piel cafe verdoso.
Se lanza contra mí.
Dolor.
Él escapa.
La lluvia cae sobre mi cara en forma de lagrimas, mi pelo mojado se pega en forma de siluetas a mi piel.
Caigo de rodillas sobre los charcos del concreto, la lluvia golpea el suelo.
Mi sangre se combina con el agua, de la herida brotan flores, vuelan aves y mariposas.
Me relajo.
Veo una gran gama de colores.
Tengo 12 años.

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